Es sumamente
interesante descubrir todo lo que puede implicar la fotografía: vista como
simples imágenes que evocan recuerdos o pruebas fehacientes de excursiones o
lazos familiares, hasta causantes inevitables de nostalgia o fantasías
sexuales. Finalmente en todas sus formas y funciones, la fotografía permite
producir conocimiento que, como se sabe, se traduce en poder. A mi parecer, abre
panoramas tal vez inimaginables o inalcanzables, de ahí el porqué de su
importancia.
La fotografía
explora temas líricos, aunque no siempre se trate de imágenes visualmente
bellas. Mostrar el mundo en todas sus caras y vertientes, por insulsas que parezcan,
resulta imprescindible si lo que se busca es concientizar acerca de lo que
realmente somos como individuos y sociedad.
Aunado a lo
anterior, mimetizar el mundo que nos rodea a través de la fotografía (lo cual
se relaciona con el quehacer del pintor que es, en algunas ocasiones, imitar lo
que ve), hace de ello un acto meramente surreal: se trata de una realidad en
segundo grado que concebimos quizás con más dramatismo y que no sólo evidencia
lo que existe sino también la forma en que el fotógrafo ve el mismo mundo.
La fotografía
resulta no ser sólo el acto de capturar imágenes, sino toda una serie de complejas
relaciones del fotógrafo y los espectadores con la universalidad de las imágenes
fotografiadas. La lectura de Sontag abre, innegablemente, la puerta a una serie
de reflexiones para concientizar sobre lo basto que es la fotografía como tal.
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