martes, 1 de octubre de 2013

Cuando contemplo una imagen

En primera estancia, quisiera comentar que parecía ser una tarea sencilla pensar en los  “pasos”, por decirlo de alguna forma, que sigo cuando contemplo una imagen que me agrada. Es una reflexión que no había considerado y una vez que comencé a realizarla fue curioso dar cuenta del profundo proceso mental por el que se atraviesa. Me asombró saber en todo aquello que, de manera inmediata y casi involuntaria, sucede al observar una “simple” imagen.

Ahora bien, cuando tengo enfrente una imagen, lo primero que “salta” a mis ojos son los contrastes que posee. Me he percatado, que entre más marcados sean, casi exagerados, atrae más aún mi mirada e interés. Después de este contraste visual, viene esa sensación interna de querer o no continuar observando. Es algo casi como dejar de respirar por un breve momento (incluso diría que es como si quisiera inmovilizarme al igual que la fotografía).  Una vez hecho esto, continúo por la búsqueda de una especie de orden, es decir, de perpendicularidad, horizontes fijos, espacios que se justifiquen, equilibrio en los objetos, etc. He notado que este orden en las imágenes provoca en mi tranquilidad, experimento una sensación de relajación.

Concretados estos primeros pasos, prosigo a la sección de preguntas: ¿Qué es?, ¿Dónde es?, ¿Qué tan compenetrado será con el autor lo que observo?, ¿Es algo que ve el autor a diario?, si se trata de algún objeto antaño (oxidado, roto, desgastado, etc.) ¿Qué historia existirá tras ello?, ¿Porqué decidió o que pasaba por la mente de autor?


Claro está que los cuestionamientos varían dependiendo la imagen. Sin embargo, en la mayoría de ellas, al final, me pregunto y queda en mi mente por un largo momento, cómo es que el mundo y nuestros entornos cotidianos, están llenos de imágenes increíbles, de espacios, objetos, personas, eventos, formas, colores, texturas y más, que vivimos a diario y muchas veces no percibimos.

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